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Mal de muchos, publicidad de por medio.


Resulta inevitable no contagiarse de malestar cuando se sabe que tantas personas están mal. O al menos, así es cuando se desconoce el hecho de que empatizando con el malestar no se ayuda a nadie.

Pero este fenómeno es ampliamente conocido, sobretodo por aquellos que viven del miedo, inquietud e inseguridad de las personas vulnerables al manejo psicológico .

En este momento, en el mundo, hay de seguro una inmensa cantidad de personas que tienen cientos de razones para estar bien, tienen, si así lo deciden, muchos motivos para sentirse agradecidos, sin embargo, hay algo que lo impide y esto es la publicidad.

Es increíble como una razón de malestar publicitada tiene el poder de borrar las cientos de razones para estar bien.

Noción de cómo el ego se vuelve perjudicial.


Pueden existir muchas ideas y definiciones de lo que el ego es, dependiendo de que “ciencia” lo defina.

Aquí nos quedaremos con la idea de que es aquella estructura similar a un kernel de un sistema operativo, que tiene la información que define a la persona y se mantiene pese a que ésta entre en el modo sleep.

En un lenguaje menos informático, diríamos que es un conjunto de pensamientos auto sostenidos, constituído de implantes e improntas a los que la persona recurre, de manera consciente y/o inconsciente, para definir el yo que la individualice, diferencie y separe del resto de sus pares.

No se trata de una estructura estática sino que va creciendo y acumulando información, estructurando y re-definiendo.

En la medida en que la persona va aprendiendo intelectualmente su ego va tomando forma y poder.

El problema ocurre cuando este toma el dominio de la voluntad y no se logra identificar los momentos en que esto ocurre.