domingo, 31 de mayo de 2015

La política es una pandemia.



La política es considerada una ciencia que, a grandes rasgos, busca el bien común en sociedad.

Se la asocia, más que nada, con los estados, sus decisiones de gobierno y la libertad, pero en realidad es mucho más que eso. Actualmente muchas sociedades están impregnadas de política. Las relaciones humanas se volvieron políticas. Y en apariencia, es por el bien de todos.

Es prácticamente imposible vivir en sociedad sin convertirse en político. Es el atributo en común de todo aquel que nació en una sociedad fundada sobre los pilares de la moral y las “buenas costumbres” y sobretodo, una sociedad cuya piedra angular la conforman la ignorancia y el miedo.

Es la nueva religión con la que nadie se quiere meter, porque eso significa atentar contra la "libertad" y la institucionalidad. Pueden tildarle a uno de bárbaro, déspota, anarquista, y tantas otras cosas, de opinar en contra de una pseudociencia tan floreciente mundialmente.


Los defensores y practicantes de ésta aseguran que es buena y que son las personas las que la empañan y ensucian con sus prácticas. Es el mismo pensamiento misantrópico que sostiene los dogmas. Dónde se dice que la religión es algo bueno y que son los hombres pecadores y/o imperfectos los que la arruinan.

En ambos casos es preciso recordar que si hay esperanza para nuestro mundo es que tras estas manifestaciones antinatura, como lo son la política y la “religión”, está el ser humano capaz de revolucionar el pensamiento y liberar al mundo de estas doctrinas inservibles pero aceptadas como válidas por simple ignorancia.

La política es incompatible con la inteligencia, al igual que lo es cualquier ideología sectaria.

Nunca nacerá de una mente política un pensamiento noble, verdadero o sabio, sino de aquella que se abstenga de pensar en forma política. Es por ésto que hubieron personas tan relevantes en el mundo de la política, capaces de tomar decisiones guiados por su verdadero sentir. En una palabra, no se traicionaron así mismos. Pero fue porque no fueron políticos por un momento.

A ese fenómeno me refería con la esperanza. Fueron muy valientes y certeros al animarse a atentar contra la misma política siendo verdaderos sabios.

Las formas en que las políticas de gobierno buscaron darle bienestar a las personas fue errada en todos los tiempos. Buscaron igualar a las personas en derechos y obligaciones. Buscaron separar, nivelar, jerarquizar, generalizar, obligar, castigar, premiar, limitar, asesinar, excluir, incluir, perseguir, etc. etc.

El mundo está dividido gracias a la política. Si existen hoy en día guerras y divisiones, se las debemos en gran medida a la política. A las relaciones diplomáticas, ésas que se inculcan socialmente como algo bueno. Una forma más sutil y aceptable de inducir la hipocresía y la decadencia en las relaciones.

La política es la que promueve la tolerancia como una dote, cuando el término mismo significa aguantar, soportar. Y se sabe que es algo muy dañino, aparte de egocéntrico.

La política promueve la esquizofrenia generalizada, inculcando valores morales, casi siempre fundados en la religión y por otro lado siembra el sentimiento patriótico y conmemora las guerras como actos de libertad.

La política enseña las buenas costumbres de: “eso no se dice”, “se piensa pero no se dice”.

Para la política lo importante es parecer ser, nunca ser, auténtico, trasparente, espontáneo, verdadero, coherente, congruente, sensato, en una palabra, la política bloquea por completo la posibilidad de ser feliz.

Nadie adoctrinado a pensar y proceder bajo los lineamientos morales de la política puede vivir libre, porque nunca podrá ser sincero. Porque muchas veces, el ser sincero atenta contra el pensamiento popular y eso, eso es una condena que el político nunca querrá sufrir.

Hay que estar muy loco para dejar de ser político. Una locura que sabe a salud cuando se experimenta. Todo el cuerpo siente el bienestar y la mente se expande en el libre pensar. Todas las tensiones se van junto con los juicios morales.

Todo se vuelve mucho más armónico cuando dejamos de aceptar los pensamientos misantrópicos con los que fuimos educados. Nuestra esencia no es conocida porque fue empañada. Tan sólo tenemos que saber que no es verdad que el ser humano es precario y decadente, porque gracias a ese pensamiento lo falso cobra poder.

Podemos cambiar nuestra manera de vernos y la realidad del mundo cambiará. Es hora de que la esencia humana prime en el mundo por sobre la moral retorcida de la política, que no es otra cosa que una manera artificial de relacionarse.


Salud!




No hay comentarios:

Publicar un comentario