miércoles, 1 de enero de 2014

Volver a la gratitud.

Pueden parecer algo alejados, de lo que suele ser considerado como salud, aquellos artículos destinados a las formas de pensamiento y creencias reinantes en la mente.

Pero viéndolo desde el punto de vista de que toda enfermedad se origina en la mente, independientemente de las explicaciones que intentemos darle a aquellas enfermedades congénitas o de los niños al nacer, tiene sentido.

Quizás resulte polémico este planteo, si se lo juzga desde razonamientos prácticos y por qué no, materialistas, pero también puede ser alentador saber que la salud depende netamente de una re-educación y re-estructuración en el pensamiento de quien tiene el convencimiento y juzga su falta de salud.

Retomando la idea de que desde el pensamiento voluntario y consciente uno mismo puede prescindir de la necesidad de manifestar enfermedades en su cuerpo porque deja literalmente de creer en que éstas puedan existir sin el aval de su mente...

Y si se considera que las personas que experimentan malestar, no están en paz ni son felices, y que ésto es el resultado de no reconocer la propia valía a nivel mental porque ésta fue desplazada por la valoración de lo superficial, o sea, del cuerpo.

Como herramienta de sanación de falsos valores en la percepción existe la práctica de la gratitud. Ésta implica el reconocimiento y el reordenamiento del pensamiento a una forma armónica que indefectiblemente se reflejará en el cuerpo, porque éste siempre es un reflejo de lo que en la mente mora.
Cuando uno inicia la práctica voluntaria de la gratitud, comienza, necesariamente, a experimentar la serenidad y el bienestar, y con éstos, el orden en el cotidiano vivir.

La gratitud es una práctica abandonada y el resultado está a la vista.

Alguien agradecido por lo que ES, de lo que experimenta, del respirar, del presente, de lo que ocurre y de lo que no ocurre, es poco probable que esté de mal humor o experimente malestar.

Hasta tanto se sienta el impulso natural por sentirse agradecido, se vuelve necesaria la decisión y el recuerdo de agradecer. Recordarse una y otra vez agradecer algo, cualquier cosa, lo que venga a la mente, sobretodo cuando emergen aquellas cosas que causan rechazo, en esos momentos es más necesaria aún la definición y el desarrollo de una voluntad fuerte por sentir gratitud.

Si el malestar está presente en la vida de una persona ésta puede decidir transformarla con el pensamiento consciente.

Puede recurrirse a frases como:
Agradezco y en este momento yo soy la gratitud”.
Estoy agradecido/a ahora”.
Agradezco profundamente lo que soy”.
Gracias”, dirigido a la propia presencia o a la de alguien quien consideramos causó nuestro mal o nuestro bien.

Que la adversidad no desmorone la capacidad de ser agradecidos y el poder de, con ésto, transformar “realidades”.


Salud.

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