sábado, 18 de enero de 2014

Misantropía crónica persistente.


El odio del humano hacia el humano es una práctica y/o sentir más común de lo que se cree.

Como una suerte de pseudo-humildad, no son pocos los que se refieren al ser humano, con una especie de auto-crítica despiadada, como una entidad despreciable, dañina, poco inteligente o incluso, inapropiada para vivir en el planeta, por su cualidad de altamente destructivo y apático con la naturaleza.


Un ejemplo podría ser esta frase de Sigmund Freud quién habría dicho algo como:


La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas, es que aún no han venido a visitarnos.”

Si se examinan las ideas que surgen cuando pensamos en el ser humano o la humanidad, de seguro nos encontraremos con un sentimiento de desprecio, un sentir implantado y latente en el interior que aflora de a ratos.

La concepción que se tiene, en líneas generales, del ser humano, no es muy alentadora, sobretodo, para los humanos.

Se recurre a diferentes artilugios que justifican o que sirven de excusas para no amar o despreciar al humano como tal, unos recurren a “santos” y a “Dios”, aman a las estatuas erigidas para ser adoradas, y luego de una oración mecánica, reverencia, adoración y experiencias místicas y/o religiosas de paz y elevación, vuelven a casa, y en el trayecto desprecian a todo aquel que se interpone con la propia idea de humano perfecto, incluyendo a los que están en casa.

Los defensores de los animales y/o “ecologistas” que ven en su ideología una buena oportunidad de despreciar al ser humano, condenándolo, desprestigiando su estirpe o degradándolo.

Hay personas que se refugian en sus maleables mascotas para direccionar todo su “amor”, éstos mismos que luego se ven maldiciendo a los vagabundos y despreciando a los chiquitos que les molestan con sus juegos.

Estados que refuerzan la idea de que quienes pertenecen a otros países tienen otra categoría, una inferior, porque tienen una economía de dinero “débil” o una religión diferente, y por ésto hay que tratarlos bajamente, peor que a un caniche al cual le visten y llevan en bolsos y carteras.

La misantropía puede manifestarse como misandria o misoginia, donde el odio surge hacia un sexo específico, y que también es una manera de despreciar al humano.

Todas estas manifestaciones, donde, de una forma u otra, la persona experimenta odio hacia los de su misma especie, nacen en un mismo lugar y con un mismo motivo, dentro, en el desprecio por uno mismo.

El nunca haber hecho hincapié en el valor humano, sino que se preponderó a aquello que posee el humano y a lo cual debe cuidar, incluso, a costa de su propia vida o la de otros, o en las enseñanzas morales, donde se debe ser “bueno”, socialmente hablando, para ser mínimamente valioso, hicieron de cada individuo una entidad hueca de aprecio que guarda un gran resentimiento por sus congéneres tan incapaces como él de amar.

El potencial para ser despreciables está en todos y cada uno de los habitantes del planeta, latente, esperando la oportunidad de salir, y es un hecho bien conocido por todos, aunque se niegue o se oculte es un aspecto que no será suprimido.
Cuanto más se intenta suprimir, reglar y ocultar lo que no aceptamos de nosotros, más se potencia y más son las posibilidades de que emerja y se concrete real.
En cambio, si abrazamos al humano en su totalidad, con todos sus detalles, aceptables y despreciables, quizás, la amalgama de todos los aspectos conformen esa integridad y equilibrio que se está buscando.

Cuando seamos capaces de mirar el interior con amor y gratitud por lo que somos como humanos, tendremos la posibilidad de percibir en la humanidad eso que la hace digna de habitar el planeta junto con los demás integrantes de la naturaleza.

Salud.





4 comentarios:

  1. Los misántropos no deseamos mancharnos las manos con la sangre de nadie. Queremos sentarnos a ver como se destruyen los hombres necios a sí mismos. Además ayudamos a aquellos individuos particulares que andan un poco confundidos por el adoctrinamiento haciéndoles ver que el hombre todo lo que busca es control sobre sus semejantes. Somos más bien realistas en cuanto al futuro del hombre: la auto-destrucción; solo que no queremos ser parte de esta humanisima actitud.
    No debe confundirse con el narcisismo.

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  2. El artículo habla de la misantropía presente en el ser humano, no dice que es exclusividad de quienes desean definirse como misántropos, pero principalmente se resalta cual es el orígen de este sentimiento:
    "Todas estas manifestaciones, donde, de una forma u otra, la persona experimenta odio hacia los de su misma especie, nacen en un mismo lugar y con un mismo motivo, dentro, en el desprecio por uno mismo."
    Quien escribe el comentario, tiene una gran suerte de poder reconocer la misantropía y no rechazarla. Sólo le resta dejarla ir y descansar. Salud!.

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  3. "Todas estas manifestaciones, donde, de una forma u otra, la persona experimenta odio hacia los de su misma especie, nacen en un mismo lugar y con un mismo motivo, dentro, en el desprecio por uno mismo."
    Yo pienso que es más bien al contrario; la mayoría de los misántropos que conozco no desean definirse como tales sino todo lo contrario, desean que la humanidad deje de ser tan miserable moralmente: creadora de guerras, hambrunas, robo, y toda clase de abusos y omisiones que tienen al mundo en acabandose ya no tan poco a poco. Por mi parte, desearía no ser misántropo, pero no quiero compararme con el ser humano, deseo ser mejor que un ser humano, y lo único que me une a la especie es la carne que compartimos como medio de movimiento.
    La misantropía no es una psicopatía; es una cuestión totalmente filosófica; es una convicción; es una elección. Los demás son psicópatas y adoctrinados. Por eso digo que no nos hacemos misántropos por el odio a nosotros mismos, sino que nos odiamos por tener un vínculo con la especie virulenta y destructiva que somos.
    Que vivan los animales!

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    1. Velo de esta manera: ¿cómo te sienta pensar en los humanos como los que defines, los que hacen la guerra, destruyen el planeta y demás?.
      Ahora, ¿qué sentir te estás brindando con esos pensamientos?.
      ¿Mereces eso?, ¿eso es lo que deseas para tí?.

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