sábado, 18 de enero de 2014

Misantropía crónica persistente.


El odio del humano hacia el humano es una práctica y/o sentir más común de lo que se cree.

Como una suerte de pseudo-humildad, no son pocos los que se refieren al ser humano, con una especie de auto-crítica despiadada, como una entidad despreciable, dañina, poco inteligente o incluso, inapropiada para vivir en el planeta, por su cualidad de altamente destructivo y apático con la naturaleza.


Un ejemplo podría ser esta frase de Sigmund Freud quién habría dicho algo como:


La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas, es que aún no han venido a visitarnos.”

Si se examinan las ideas que surgen cuando pensamos en el ser humano o la humanidad, de seguro nos encontraremos con un sentimiento de desprecio, un sentir implantado y latente en el interior que aflora de a ratos.

La concepción que se tiene, en líneas generales, del ser humano, no es muy alentadora, sobretodo, para los humanos.

jueves, 9 de enero de 2014

Mimetismo. Falsa idea de las buenas relaciones.


En las relaciones personales es muy poco frecuente que emerja el amor, pero no porque no esté ahí o no sea posible, sino porque como opción más “fácil” y “rápida”, que suprime toda posibilidad de experimentar el amor y aunque con un precio muy caro, aparece el mimetismo.

Es muy común creer que para llevarse bien o entenderse con alguien hay que ser “igual”, en el más superficial de los sentidos, y se busca la mimetización que, a veces, es la forma de alago o muestra de cariño que se cree benéfica, pero que no lo es.

No puede ser benéfico tener o querer relegar ser lo que uno es por alagar a otro,sea por miedo a no ser aceptado o por temor a la discordia y la pelea. 

La mimetización implica que hay alguien que está relegando su propia unicidad por “encajar” o por no causar discordia.

miércoles, 1 de enero de 2014

Volver a la gratitud.

Pueden parecer algo alejados, de lo que suele ser considerado como salud, aquellos artículos destinados a las formas de pensamiento y creencias reinantes en la mente.

Pero viéndolo desde el punto de vista de que toda enfermedad se origina en la mente, independientemente de las explicaciones que intentemos darle a aquellas enfermedades congénitas o de los niños al nacer, tiene sentido.

Quizás resulte polémico este planteo, si se lo juzga desde razonamientos prácticos y por qué no, materialistas, pero también puede ser alentador saber que la salud depende netamente de una re-educación y re-estructuración en el pensamiento de quien tiene el convencimiento y juzga su falta de salud.

Retomando la idea de que desde el pensamiento voluntario y consciente uno mismo puede prescindir de la necesidad de manifestar enfermedades en su cuerpo porque deja literalmente de creer en que éstas puedan existir sin el aval de su mente...

Y si se considera que las personas que experimentan malestar, no están en paz ni son felices, y que ésto es el resultado de no reconocer la propia valía a nivel mental porque ésta fue desplazada por la valoración de lo superficial, o sea, del cuerpo.

Como herramienta de sanación de falsos valores en la percepción existe la práctica de la gratitud. Ésta implica el reconocimiento y el reordenamiento del pensamiento a una forma armónica que indefectiblemente se reflejará en el cuerpo, porque éste siempre es un reflejo de lo que en la mente mora.