miércoles, 20 de marzo de 2013

El poder que otorga el dinero.

Hay un vínculo muy estrecho en el mundo actual entre el dinero y el poder. Ahora bien, ¿el poder de qué?.

Alguna vez leí  un consejo que daba un padre a su hijo y le decía algo como: “de vez en vez, saca un billete de tu cartera, mirándolo atentamente dí, este billete es mío. De esta manera dejarás en claro quien de los dos es el dueño".

Las personas parecieran haber perdido, luego de tanto tiempo, el verdadero sentido de la existencia del dinero que ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin.

Una noche caminábamos con mi sobrina de nueve años a quien le habían regalado para su cumpleaños un billete de cincuenta. Me sorprendió cuando me dijo: “me gustaría tener un billete de cien”.

Yo, que sabía que ella no tenía demasiada idea del dinero, le pregunté para qué lo quería. Y no me sorprendió con la respuesta, sólo dijo, “para tener uno”.

Así aproveché la oportunidad y le hice este planteo:

Imagina que en este momento comienzas a sentir hambre, tienes tu billete de cien pero no hay nadie que te lo cambie por comida, ¿qué haces?.

Y respondió, “ni siquiera lo puedo comer porque es tóxico”.

Ese es el valor que tiene el dinero. Ninguno. El dinero sólo vale cuando puedes cambiarlo por algo. El valor está en las personas, lo importante son las personas, es a ellas a las que tienes que valorar por sobre tu dinero.

Uno de los motivos de malestar más comunes se debe a que las sociedades están conformadas por familias que más que familias parecen trincheras, donde sus integrantes están dispuestos a montar defensa de sus “bienes”, que son más males que bienes, casi a cualquier precio. Y la primera cosa que pierden en esta lucha es el bienestar y la salud.

Escucho de diferentes personas y repetidas veces esta frase hecha: “el dinero va y viene, la salud es lo importante”, a lo que respondo, “no mientas”, y en esa abrupta y poco diplomática respuesta toman consciencia de que no están siendo congruentes sino simples filósofos new age.

¿A quién da poder el dinero?, ¿poder de qué?, ¿qué pasaría si las masas no respondieran como borregos a los incentivos dinerarios?, ¿qué ocurriría si cada vez más personas dedicaran parte de su tiempo a servir gratuitamente y colaborativamente a otros?.

El dinero no es malo y mucho menos envicia o lleva por mal camino a nadie, al menos, no a quien no tiene intenciones previas de querer ir por “mal” camino.

Las personas tienen una conformación previa al dinero, una inclinación, una concepción del mundo, una idea y valores, no importa que sea “pobre” o “rico”, el dinero no tuerce a alguien noble y honorable. Si lo hace, es que nunca lo fue.

Es muy posible que se haya aceptado la idea de que estamos divididos y que cada uno debe pelear por su trozo, en un mundo donde nadie es amigo de nadie, donde nadie da nada sin esperar algo a cambio.

Se aceptó la idea de que como humanos somos competitivos y ambiciosos, y que si no es por incentivo no brindamos nada. Y que nos regimos por la "Ley del más fuerte".

Y para contrarrestar esta idea tan afianzada se puede traer a este momento un ejemplo de lo que ocurre en un momento de catástrofe. Cuando ocurre una catástrofe las personas se convulsionan a un punto en que casi no pueden razonar, no piensan en nada, no pueden pensar por el aturdimiento y en ese estado, unos corren en ayuda de otros. No importa nada más, el shock es tal que les borra toda la mente especulativa y calculadora implantada por una sociedad de lineamientos mediocres y se vuelven fieles a su naturaleza, congruentes con su humanidad.

Haber llegado a este siglo menospreciando y vapuleando la naturaleza humana no sirvió de nada, o si, sirvió para que la humanidad lo creyera y se comportara como infantes estúpidos, incapaces de discernir sobre los hechos más que sobre ideas infantiles implantadas.

El dinero da poder, es así, da el poder de manipular o de servir, dependiendo de los intereses y formación de su poseedor.

Se puede reivindicar al dinero y a la naturaleza humana poniendo a cada uno en el lugar que ocupa, uno es el poseído y el otro el poseedor. Habrá que preguntarse qué lugar ocupa cada uno frente al dinero.

Un ejercicio simple y transformador podría ser el de regalar dinero porque sí. No como caridad, sino como acto de emancipación de él. Sobretodo para quienes no les sobra el dinero.

Es tanto el apego y la dependencia que crea en algunas personas, que las vuelve rígidas, tristes, repelentes, mezquinas, lastimosas, quejosas y naturalmente, este tipo de personas provocan rechazo por parte de otros y lejos de merecer la dádiva ajena, se vuelven foco de desprecio por la envidia que reflejan sus ojos por los “bienes” de los demás.

Un cambio de visión, provoca un cambio de actitud y un cambio de actitud puede revolucionar el mundo.

 De un día para otro podemos encontrarnos rodeados de filántropos, pero de los verdaderos, esos que aman tanto lo que son como para brindarse desinteresadamente a otros, con lo que tienen y con lo que son.

 Hay una frase que reza “cuanto más des, más tendrás” que tira por tierra la idea falaz de que se pierde lo que se da. Idea sobre la que se sostienen la mayoría de las sociedades actuales.

Salud.

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