martes, 13 de noviembre de 2012

Intenciones sanas, vida sana.

En la antigüedad se condenaba a los enfermos porque se pensaba que las enfermedades eran un castigo divino por sus pensamientos o actos pecaminosos(*). De modo que si alguien enfermaba era excluido, discriminado y hasta condenado socialmente o expulsado de la comunidad.

Algo intuían las personas de la época sobre las enfermedades, pero erradamente condenaban a la persona enferma, y esta actitud, a la vez y sin lugar a dudas, causaba dolencias y/o enfermedades.

Las ideas y creencias de una época si son depuradas pueden ser útiles. Y tomando esta idea de que la enfermedad se origina en un ambiente propicio que podría ser el de pensamientos y/o actos mal intencionados, uno puede tomar la iniciativa de comenzar a detectar esos sentimientos bajos y volverse un testigo de ellos, sin condenarlos ni rechazarlos, de esta manera se puede disociar de éstos  ya que no son parte del pensamiento más consciente.

El pensamiento consciente es el que en definitiva nos da la salud y algo no menos importante, la libertad.


Ocurre con bastante frecuencia que situaciones externas provocan reacciones en las personas, que sin medir, que sin "pensar", actúan visceralmente, automáticamente, causando daño. Pero ese daño causado no es unidireccional, sino que afecta también al precursor muy en su interior.

Cuando una persona actúa como autómata, luego, cae en la cuenta y comienza a tener una lucha interna que le saca totalmente de la paz. Emergen el juez y el abogado a lidiar en su cabeza, el juez culpa y condena la actitud, el abogado defiende y justifica con un ataque previo “me provocó, se lo merecía”.

Y en esta performance mental, se pierde inevitablemente la salud.

Cuando la persona se vuelve consciente de lo que es capaz de pensar, sentir y desear bajamente, da un gran paso en el auto-conocimiento.

El problema ocurre, cuando esta presencia consciente comienza a mostrarnos todas esas cosas que nos negamos a ver en nosotros mismos y que inconscientemente proyectamos en los demás, automáticamente dejamos de culpar a otros y nos condenamos a nosotros mismos.

El primer antídoto a esta culpa también surgió en la antigüedad en figuras como la de Jesús, quien se encargaba de perdonar a los pecadores(*). Se podría decir que es el arquetipo del perdón en muchas partes del mundo, pero también le atribuyeron la figura de sanador. Y esto tiene sentido. 

Las personas enfermas se condenaban a sí mismas por la moral reinante en la época. De sólo encontrarse con alguien, en quien depositaban su confianza, que les perdonara causaba la sanación por alivio y liberación de esa culpa.

Sin pretender ofender ninguna idea religiosa, es un recurso que consideramos apropiado para significar que las cosas siguen siendo igual.

La auto-crítica y la auto-condena están enfermando al mundo.

Desde ConSumaSalud proponemos como "método" efectivo para la salud, sea para recuperarla y/o mantenerla:
  1. el perdón sincero de todas aquellas cosas que se descubren en el interior en los estados de reflexión,
  2. el ejercicio de la consciencia, sobretodo cuando se trata de la relación con otras personas y
  3. evitar los juicios condenatorios, ya que el reflejo de éstos crean culpa interna.
Cuando se transmita esta sensación de sentirse limpios e inocentes a los siempre empáticos niños, ellos se encargarán de llevar consigo, naturalmente, esa salud interna al futuro de la humanidad.

Los niños son auténticos y gracias a la ausencia de hipocresía, exteriorizan todos esos pensamientos que los mayores ocultan. 

Enseñarles desde pequeños a no condenar sus actos y pensamientos moralmente, en su lugar, volverse alguien que les observe, y en el momento que se considere oportuno, brindar una enseñanza a partir de lo que el niño experimente en esos actos. Orientarles de manera que no acumulen en sus vidas la carga de las culpas, sino al contrario, que se hagan de entendimiento de lo que es el sentir humano y sus posibilidades.

Cualquier culpa puede ser removida perdonando sinceramente. Al principio parecerá una práctica difícil por la resistencia que genera la mente, no desistir del deseo de querer experimentar la inocencia y el bienestar, ayudará a pasar los primeros pasos en el camino del perdón, el auto-perdón.

Salud.

(*)En hebreo antiguo la palabra pecar podría interpretarse como faltar o estar ausente. Lo que es lo mismo decir, no estar consciente de lo que se hace o se piensa. 
Aquellos que conocían que los actos inconscientes no hacían a las personas culpables, simplemente usaban el perdón como herramienta para devolver el estado nunca perdido, el de inocencia.

1 comentario:

  1. La verdad es que la persona no esta enferma la persona descubrio que le mienten y le hace mucho daño

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